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¿Qué enseñaron los primeros cristianos sobre la exaltación?

KnoWhy #701 | Diciembre 8, 2023

"Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él aparezca, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es".

1 Juan 3:2

El conocimiento

En 1832, José Smith y Sidney Rigdon tuvieron una gran visión de los cielos. Esta visión, no muy diferente a otras descripciones de los cielos de los primeros cristianos, sería canonizada como la Sección 76 de Doctrina y Convenios1. Una de las bendiciones más sagradas prometidas a aquellos que obtuvieran el cielo más alto, o el reino celestial, puede parecer extraña a muchos cristianos de hoy: "[S]on sacerdotes y reyes que han recibido de su plenitud y de su gloria [...] De modo que, como está escrito, son dioses, sí, los hijos de Dios" (DyC 76:56, 58). Además, en otra revelación dada a José Smith, estos mismos santos son descritos de manera similar:
Entonces serán dioses, porque no tendrán fin; por consiguiente, existirán de eternidad en eternidad, porque continuarán; entonces estarán sobre todo, porque todas las cosas les estarán sujetas. Entonces serán dioses, porque tendrán todo poder, y los ángeles estarán sujetos a ellos (DyC 132:20).
La enseñanza de los santos convirtiéndose en dioses o como Dios se encuentra en la Biblia. Por ejemplo, cuando los fariseos, que querían apedrear a Jesús, le desafiaron, enumeraron la blasfemia como el delito de Jesús. Jesús, sin embargo, respondió citando el Salmo 82:6: "Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te crees Dios. Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije: Sois dioses?" (Juan 10:33-34)2. Pedro enseñó a los santos que "lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina", (2 Pedro 1:4), y Pablo enseñó que "somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos con Cristo" (Romanos 8:16-17). Algunas de estas promesas se manifiestan especialmente en los escritos del apóstol Juan. En una serie de bendiciones dadas a siete iglesias, se promete a los santos: "Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono" (Apocalipsis 3:21). De nuevo, al final de la revelación, se les promete: "El que venciere heredará todas las cosas; y yo seré su Dios, y él será mi hijo" (Apocalipsis 21:7). Finalmente, en la primera epístola de Juan, el apóstol enseñó con poder: "Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él aparezca, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él se purifica, así como él es puro" (1 Juan 3:2-3). El destino final de la humanidad estaba claro para los primeros apóstoles: aunque no se han revelado todos los detalles de nuestra vida eterna, se nos ha prometido que seremos semejantes a Dios en el sentido más pleno de la palabra3. Esta creencia se mantuvo durante los primeros siglos de la Iglesia. Clemente de Alejandría, que enseñó durante el siglo II d. C., escribió en una ocasión que "la Palabra de Dios se hizo hombre para que tú puedas aprender del hombre cómo este puede llegar a ser Dios”4. Además, creía que Dios "se regocija más cuando nos ve resplandecientes con el ornamento de la inteligencia" y así "se hace semejante a Dios; es bello; no se adorna a sí mismo: suya es la belleza, la verdadera belleza, porque es Dios; y que el hombre se hace Dios, puesto que Dios así lo quiere"5. Tertuliano enseñó de manera similar que nuestra exaltación depende de la gracia y misericordia de Dios, quien recompensará a los fieles con esta bendición: "Porque seremos incluso dioses, si merecemos estar entre aquellos de quienes Él declaró: 'Yo he dicho: Vosotros sois dioses', y 'Dios está en la congregación de los dioses'. Pero esto viene de Su propia gracia, no de ninguna propiedad en nosotros, porque solo es Él quien puede hacer dioses"6. Ireneo de Lyon enseñó de manera similar que "el Verbo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, . . . se hizo, por Su amor trascendente, lo que somos, para poder llevarnos a ser incluso lo que Él mismo es"7. Hacia el siglo VI d. C., las enseñanzas sobre la exaltación empezaron a desaparecer lentamente de los discursos y sermones oficiales de la cristiandad dominante. Algunas iglesias cristianas siguen manteniendo una forma de esta enseñanza, sobre todo las ortodoxas orientales8. No obstante, siguen existiendo claras diferencias en la forma en que muchos cristianos contemporáneos interpretan esta doctrina y las antiguas enseñanzas de los autores del Nuevo Testamento y otros padres de la Iglesia antigua9. Pero las implicaciones plenas de esta importante doctrina han sido reveladas y restauradas más completamente a través del profeta José Smith, demostrando claramente el destino final de la humanidad.

El porqué

Cuando el Señor habló a Moisés, declaró: “Porque, he aquí, esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). Al igual que Clemente de Alejandría y otros primeros cristianos, los Santos de los Últimos Días también creen que Dios "se regocija más cuando nos ve brillantes con el ornamento de la inteligencia" y la Vida Eterna que Él libremente nos otorga. Creemos que Dios desea activamente que compartamos la misma clase de vida que Él tiene, debemos aceptar Su don y permanecer fieles a los convenios que hemos hecho con Él. Por supuesto, la doctrina de la exaltación, o llegar a ser como Dios, de ninguna manera menosprecia a Dios o busca reemplazarlo hoy o en la antigüedad. Como expresó la Primera Presidencia en una exposición doctrinal titulada The Father and the Son (El Padre y el Hijo) en 1916: "Sin embargo, aunque [los santos exaltados] sean dioses [DyC 76:58], todavía están sujetos a Jesucristo como su Padre en esta exaltada relación; y así leemos en el párrafo siguiente a la cita anterior: 'Y son de Cristo, y Cristo es de Dios' (DyC 76:59)"10. Más bien, simplemente disfrutaremos del mismo tipo de vida que Dios vive mientras lo adoramos y servimos en la gloria celestial. Esto ha sido notado por Scott Peterson, quien escribió: "[A]quellos que creyeron en esta doctrina en la antigüedad no sostenían que reemplazarían a Dios. Por el contrario, la suposición era que siempre adorarían y reverenciarían a Dios y a Cristo. Sin embargo, para los primeros cristianos la salvación en su sentido más pleno consistió en que Dios te hiciera como Él es y te diera poder para hacer lo que Él hace. Así, los redimidos continuarían adorando a Dios, pero participarían en Sus actos creativos a través de la eternidad"11. Esta doctrina también sirve para elevar a la humanidad, demostrando más plenamente nuestra relación con nuestro Padre Celestial. Específicamente, nos enseña lo que nosotros, como Sus hijos, somos capaces de llegar a ser si permanecemos verdaderos y fieles a los convenios que hemos hecho con Dios. De esta manera, verdaderamente seremos "herederos; herederos de Dios, y coherederos con Cristo" (Romanos 8:17).

Otras lecturas

Llegar a ser como Dios”, Enseyos sobre temas del Evangelio, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Scott R. Peterson, Do the Mormons Have a Leg to Stand On? A Critical Look at LDS Doctrines in Light of the Bible and the Teachings of the Early Christian Church (Orem, UT: Millenial Press, 2014), 255–310. J. B. Haws, “Defenders of the Doctrine of Deification”, en Prelude to the Restoration: From Apostasy to the Restored Church, ed. Steven C. Harper, Andrew H. Hedges, Patty Smith, Thomas R. Valletta y Fred E. Woods (Provo, UT and Salt Lake City: Religious Studies Center, Brigham Young University and Deseret Book, 2004), 70–98.

1. Véase Central del Libro de Mormón, “¿Qué enseñaron los primeros cristianos sobre los tres grados de gloria? (2 Corintios 12:2, 4)”, KnoWhy 689 (22 de septiembre de 2023).2. Para conocer más sobre estos versículos de Salmo 82 y Juan 10 en base a la doctrina de exaltación, véase Daniel C. Peterson, “‘Ye Are Gods’: Psalm 82 and John 10 as Witnesses to the Divine Nature of Humankind”, en The Disciple as Scholar: Essays on Scripture and the Ancient World in Honor of Richard Lloyd Anderson, ed. Stephen D. Ricks, Donald W. Parry y Andrew H. Hedges (Provo, UT: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies, Brigham Young University, 2000), 471–594; David E. Bokovoy, “‘Ye Really Are Gods’: A Response to Michael Heiser concerning the LDS Use of Psalm 82 and the Gospel of John”, FARMS Review 19, no. 1 (2007): 267–313. 3. Curiosamente, estos versículos se repiten en parte o en su totalidad en el Libro de Mormón y Doctrina y Convenios, mostrando cómo se ha enseñado esta doctrina en todas las dispensaciones del Evangelio. Véase Moroni 7:48; DyC 130:1; DyC 35:21. 4. Clemente de Alejandría, Exhortación a los gentiles, capítulo 1. 5. Clemente de Alejandría, El Pedagogo 3:1. 6. Tertuliano, Contra Hermógenes, capítulo 5. 7. Ireneo, Contra Herejes, Libro 5 Prefacio. 8. Véase, por ejemplo, J. B. Haws, “Defenders of the Doctrine of Deification”, en Prelude to the Restoration: From Apostasy to the Restored Church, ed. Steven C. Harper, Andrew H. Hedges, Patty Smith, Thomas R. Valletta y Fred E. Woods (Provo, UT and Salt Lake City: Religious Studies Center, Brigham Young University and Deseret Book, 2004), 70–98. Para una comparación entre las enseñanzas ortodoxas orientales y la doctrina de los Santos de los Últimos Días, véase Jordan Vajda, “‘Partakers of the Divine Nature’: A Comparative Analysis of Patristic and Mormon Doctrines of Divinization”, FARMS Occasional Papers 3 (2002). 9. Para otro estudio sobre esta creencia cristiana primitiva, véase Daniel Becerra, “Becoming Like God: Incarnation, Moral Formation, and Eternal Progression”, en Ancient Christians: As Introduction for Latter-day Saints, ed. Jason R. Combs, Mark D. Ellison, Catherine Gines Taylor y Kristian S. Heal (Provo, UT: Neal A. Maxwell Institute, 2022), 369–393. 10. The Father and the Son: A Doctrinal Exposition by the First Presidency and the Quorum of the Twelve Apostles, reimpreso en abril de 2002, Ensign. 11. Scott R. Peterson, Do the Mormons Have a Leg to Stand On? A Critical Look at LDS Doctrines in Light of the Bible and the Teachings of the Early Christian Church (Orem, UT: Millenial Press, 2014), 305–306.

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