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¿Por qué la multitud cayó a los pies de Jesús?

KnoWhy #202 | Septiembre 11, 2017

"Y cayeron a los pies de Jesús, y lo adoraron".

3 Nefi 11:17

El conocimiento

Cuando Jesucristo declaró su verdadera identidad al pueblo de Nefi que estaba reunido alrededor del templo en la tierra de Abundancia, "toda la multitud cayó al suelo; pues recordaron que se había profetizado entre ellos que Cristo se les manifestaría" (3 Nefi 11:12). De manera similar, después de que todos se adelantaron y tocaron las heridas en Sus manos, pies y el costado, "cayeron a los pies de Jesús, y lo adoraron" (v. 17). Y cuando Jesús ordenó a Nefi que se acercara, "se inclinó ante el Señor, y le besó los pies" (v. 19, énfasis añadido para todos los versículos). El acto de caer a los pies de un gobernante e incluso besar el suelo o sus pies era una forma de adoración muy conocida en el mundo antiguo llamada prosquinesis.1 En una carta del antiguo Cercano Oriente, por ejemplo, un vasallo mostró respeto al Señor por medio de frases como: "[Yo soy] tu esclavo" y "el polvo a tus pies" y "Me postro; yo caigo a los pies de mi rey, mi Señor".2 Un texto antiguo litúrgico egipcio de manera similar declara: "Mientras beso el suelo, así también abrazo a Geb".3 De acuerdo con Matthew L. Bowen, este texto “prescribe prosquinesis, incluyendo un abrazo ritual de un dios (Geb, la tierra), como parte de un teofanía ritualizada en un entorno del templo".4 La prosquinesis también era conocida por los antiguos israelitas.5 Por ejemplo, en los sueños de José, los manojos de sus hermanos y también el sol, la luna y las estrellas le rindieron homenaje. Esto llevó a que su padre preguntara: "¿Acaso vendremos yo, y tu madre y tus hermanos a inclinarnos ante ti en tierra?" (Génesis 37:10).6  El Salmo 95:6 dice: "Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor". Los textos del Nuevo Testamento—como Mateo, Marcos, Lucas y Apocalipsis—demuestran abundantemente que los primeros apóstoles y los discípulos de Jesús veían la prosquinesis como un modo apropiado de adoración a Jesucristo tanto antes como después de Su resurrección.7 Además, las demostraciones de caer a tierra en un ritual de postración son evidentes en varias situaciones del Libro de Mormón (además de 3 Nefi 11).8 En el sueño de Lehi del árbol de la vida, aquellos que se aferraron y sostuvieron en la barra de hierro finalmente "llegaron, y se postraron, y comieron del fruto del árbol" (1 Nefi 8:30, énfasis añadido). Bowen comentó: "El pueblo en este tercer grupo son los verdaderos adoradores, y el árbol del cual estaban participando es funcionalmente el verdadero Dios, Jesucristo".9 Cuando el rey Benjamín reportó las palabras "que le habían sido comunicadas por el ángel" miró hacia el pueblo y vió que la multitud "habían caído a tierra... Y se habían visto a sí mismos en su propio estado carnal, aún menos que el polvo de la tierra" (Mosíah 4:1-2). Hugh Nibley comentó:
¡Este era el tipo de prosquinesis a la que el rey Benjamín se refería! La prosquinesis era la caída a tierra (literalmente, "besar el suelo") en presencia del rey por el cual toda la raza humana en el día de la coronación demostró su sumisión a la autoridad divina; era una parte infalible de los ritos del año nuevo del Viejo Mundo así como también para cualquier audiencia real.10

El porqué

Explorar el significado de prosquinesis en el contexto del viejo mundo y del Libro de Mormón puede ayudar a los lectores a entender mejor lo que esta demostración ritual significó para aquellos que adoraron a Jesucristo en el templo en la tierra de Abundancia. Por ejemplo, la frase "[Yo soy]... el polvo en tus pies" de la carta antigua egipcia tiene una similitud a la respuesta del pueblo que, después de escuchar el discurso del rey Benjamín, cayeron a tierra y se consideraron a sí mismos "aún menos que el polvo de la tierra" (Mosíah 4:2).11 Bowen preguntó retóricamente:
¿Cuál es la lección aquí? Puesto que, como el rey Benjamín dijo que nosotros no podemos decir que somos "aun como el polvo de la tierra" (Mosíah 2:25), debemos "postrarnos y darnos cuenta de lo que [nosotros] somos" como Nibley lo señala. El rey Benjamín revive la lección del registro bíblico de la caída y el juego de palabras que hace con el nombre Adam: el hombre (ha-adām, "humanidad") fue tomado de ha-'adāmāh ("tierra", "terreno", "suelo", Génesis 2:7, 3:19).12
Por lo que, al caer al suelo, aquellos que adoraban a Cristo en la tierra de Abundancia ritualmente significaba que sus cuerpos fueron creados del polvo de la tierra, que ellos eran mortales y caídos, y que estaban dispuestos a humillarse a sí mismos en la presencia de su Creador.13 De una historia del Nuevo Testamento, los lectores aprenden de una mujer que lavó los pies de Jesús con sus lágrimas, y "besaba sus pies y los ungía con el perfume" (Lucas 7:38). Bowen explicó: "Su prosquinesis física de besar los pies de Jesús fue una profunda demostración del amor de Dios y literalmente cumplió el mandato del Salmo 2 de '[b]esad al Hijo' o aún (en una lectura enmendada) 'besar sus pies [de Jehová]'".14 De la misma manera, cuando Nefi (quien habría estado bien familiarizado con tal lenguaje encontrado en muchos Salmos) "se acercó y se inclinó ante el Señor, y le besó los pies" en el templo de la tierra de Abundancia (3 Nefi 11:19), se puede ver como un acto prescrito de devoción para aquel cuyos pies "[pisó]... solo el lagar",15 y cuyos pies llevaban "las marcas de los clavos" de la crucifixión,16 y cuyos hermosos pies "trae[n] nuevas del bien".17 En lo que puede ser visto como un acto de prosquinesis a Su Padre, el mismo Jesucristo sumisamente "se postró sobre su rostro, orando" mientras sufría las agonías de la expiación en Getsemaní (Mateo 26:39). Él también lavó los pies de sus apóstoles en un acto de humildad y servicio (véase Juan 13:4-16). Aquellos que cayeron a los pies de Aquel que "descendió debajo de todo"18 y "le besaron los pies... [y] le bañaron los pies con sus lágrimas",19 mostraron su voluntad de seguir Su ejemplo de servicio, humildad y obediencia. La postración de adoración es un símbolo duradero de amor y devoción a la deidad. Nefi enseñó que la "vía correcta es creer en Cristo... por tanto, debéis inclinaros ante él y adorarlo con todo vuestro poder (2 Nefi 25:29). En 3 Nefi 19, Jesús de nuevo se apartó de la gran asamblea que se había congregado en Su segundo día en el Templo de la tierra de Abundancia, "y se inclinó a tierra" expresando profunda gratitud al Padre (3 Nefi 19:19). José Smith y Sidney Rigdon aprendieron que ante el trono de Dios "todas las cosas se inclinan en humilde reverencia, y le rinden gloria para siempre jamás" (DyC 76:93). Por lo tanto, de los ejemplos de aquellos que adoraron a Jesucristo en el templo de la tierra de Abundancia, los lectores pueden aprender cómo deben de manera apropiada mostrar reverencia hacia el Señor cuando en el futuro lo conozcan en persona y contemplen Su cuerpo resucitado. De la importancia eterna de inclinarse ante nuestro Señor y Maestro, el élder Neil L. Anderson inequívocamente testificó: "Doy testimonio de que Jesucristo es el Salvador del mundo; Él sufrió y murió por nuestros pecados y se levantó al tercer día. Él ha resucitado. En un día futuro, toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Él es el Cristo".20 El élder Neal A. Maxwell de manera hermosa enseñó que, mientras Cristo se regocija en nuestra genuina bondad y logros, "cualquier evaluación de dónde estamos en relación con Él nos indica que, frente a su grandeza, solo somos dignos de estar de rodillas. ¡Nos arrodillamos!" y pronto "toda carne le verá. Toda rodilla se doblará ante Su presencia, y todas las lenguas confesarán Su nombre. Las rodillas que nunca antes habían asumido esa postura para ese propósito entonces lo harán—y prontamente".21

Otras lecturas

Dean M. Davies, “Las bendiciones de la adoración,” Liahona, Noviembre 2016, en línea en lds.org. Matthew L. Bowen, “‘They Came and Held Him by the Feet and Worshipped Him’: Proskynesis before Jesus in Its Biblical and Ancient Near Eastern Context,” Studies in the Bible and Antiquity 5 (2013): 63–68. Matthew L. Bowen, “‘They Came Forth and Fell Down and Partook of the Fruit of the Tree’: Proskynesis in 3 Nephi 11:12–19 and 17:9–10 and Its Significance,” in Third Nephi: An Incomparable Scripture (Salt Lake City and Provo, UT: Deseret Book and Neal A. Maxwell Institute for Religious Scholarship, 2012), 107–130. Matthew L. Bowen, “And Behold, They Had Fallen to the Earth”: An Examination of Proskynesis in the Book of Mormon,” Studia Antiqua 4, no. 1 (2005): 91–110. Hugh Nibley, An Approach to the Book of Mormon (Salt Lake City and Provo, UT: Deseret Book and FARMS, 1988) 295–310.

1. Véase Hugh Nibley, An Approach to the Book of Mormon, The Collected Works of Hugh Nibley, Volume 6 (Salt Lake City and Provo, UT: Deseret Book and FARMS, 1988), 304 n. 22; Matthew L. Bowen, “‘They Came and Held Him by the Feet and Worshipped Him’: Proskynesis before Jesus in Its Biblical and Ancient Near Eastern Context,” Studies in the Bible and Antiquity 5 (2013): 63–68; Matthew L. Bowen, “‘They Came Forth and Fell Down and Partook of the Fruit of the Tree’: Proskynesis in 3 Nephi 11:12–19 and 17:9–10 and Its Significance,” in Third Nephi: An Incomparable Scripture (Salt Lake City and Provo, UT: Deseret Book and Neal A. Maxwell Institute for Religious Scholarship, 2012), 107–108: “Prosquinesis, significa literalmente 'besar en la presencia de', es un término que el historiador griego Heródoto (Historias 1.134) originalmente aplicó a la costumbre de la antigua Persia de 'postrarse uno mismo ante personas y besar sus pies o el dobladillo de sus vestiduras en el piso'.  La palabra denota en un amplio sentido la "postración jerárquica de inferior a superior', pero en un sentido cultural más estrecho significa 'sumisión formal en la presencia de un ser de un reino divino'.  Por lo tanto, prosquinesis es usado sabiamente por los eruditos como término general para ritos similares conocidos desde Egipto hasta el lejano oriente, donde las deidades, reyes y otras personas deificaron o pensaron pertenecer al reino divino donde eran reconocidos y reverenciados. 2. Bowen, “They Came and Held Him,” 68. 3. Bowen, “They Came and Held Him,” 66 4. Bowen, “They Came and Held Him,” 66. Para un estudio de las teofanías de trono, véase Blake T. Ostler, “The Throne-Theophany and Prophetic Commission in 1 Nephi: A Form-Critical Analysis,” BYU Studies 26, no. 4 (1986): 67-95. 5. Véase Bowen, “They Came and Held Him,” 69–73. Para un análisis del ritual de oración (incluyendo postración) en el Islam y su relación con la oración judaica, véase Khaleel Mohammed, “The Foundation of Muslim Prayer,” Medieval Encounters 5, no. 1 (1999): 17–28. 6. Véase Brent D. Shaw, Bringing in the Sheaves: Economy and Metaphor in the Roman World (Toronto, ON: University of Toronto Press, 2013), 398 n. 44. Para un estudio de José, el hijo de Jacob, como un modelo de Cristo, véase Andrew C. Skinner, “Finding Jesus Christ in the Old Testament,” Ensign, June 2002, en línea en lds.org. 7. Bowen, “They Came and Held Him,” 73–88; Stuart Bevan, “Proskynesis in the Synoptics: A Textual Analysis of προσκυνέω and Jesus,” Studia Antiqua 14, no. 1 (2015): 30–43. 8. Además de los ejemplos del árbol de la vida y el discurso del rey Benjamín, numerosos ejemplos de prosquinesis se pueden encontrar en el Libro de Mormón. Véase Matthew L. Bowen, “And Behold, They Had Fallen to the Earth”: An Examination of Proskynesis in the Book of Mormon,” Studia Antiqua 4, no. 1 (2005): 91–110. 9. Bowen, “And Behold, They Had Fallen,” 96. 10. Nibley, An Approach to the Book of Mormon, 304. 11. Para revisar la carta egipcia, véase la nota al pie de página 2. 12. Bowen, “They Came Forth and Fell Down,” 118. 13. Véase Book of Mormon Central, “¿Por qué dijo Mormón que los hijos de los hombres son menos que el polvo de la tierra? (Helamán 12:7)”, KnoWhy 183 (15 de agosto, 2017). 14. Bowen, “They Came and Held Him,” 82. 15. Isaías 63:3, cf.DyC 76:107; 88:106; 133:50. 16. 3 Nefi 11:14, cf.DyC 6:37. 17. Isaías 52:7, cf. Mosíah 15:15-18; Romanos 10:15; 3 Nefi 20:40. 18. DyC 88:619. 3 Nefi 17:1020. Neil L. Anderson, “¿Qué piensa el Cristo de mí?Liahona, abril 2012, 114, en línea en lds.org 21. Neal A. Maxwell, “‘Divino Redentor,’” Conferencia General, octubre 1981.

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