KnoWhy #729 | Mayo 7, 2024

¿Por qué el rey Benjamín niega ser más que un hombre?

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Scripture Central

"No os he mandado subir hasta aquí para que me temáis, ni para que penséis que yo de mí mismo sea más que un ser mortal". Mosíah 2:10

El conocimiento

Algunos aspectos del discurso del rey Benjamín que mencionó en el templo para anunciar a Mosíah como próximo rey, pueden parecer extraños a los lectores modernos1. Un ejemplo de ello es la declaración explícita de que Benjamín no quería que el pueblo pensara él fuera "más que un ser mortal" (Mosíah 2:10). Esta declaración, junto con la insistencia de Benjamín en que "ni yo, sí, yo, a quien llamáis vuestro rey, soy mejor de lo que sois vosotros", puede entenderse mejor en el antiguo contexto del Libro de Mormón, concretamente en lo que respecta a las ideas sobre la realeza en el Viejo y el Nuevo Mundos (Mosíah 2:26). De hecho, como han observado Mark Alan Wright y Brant A. Gardner, "tales descripciones tienen poco sentido a menos que las condiciones que describió como ausentes bajo su reinado fueran realmente comunes en otros lugares"2. En todo el mundo antiguo prevalecía la creencia de que los reyes eran de alguna manera divinos, y se creía comúnmente que cuando los reyes eran coronados se convertían en dioses. Los israelitas, y por extensión los nefitas, creían que Dios era el verdadero Rey de Israel y que los reyes terrenales eran Sus representantes, pero la idea de un rey divino tal como se encuentra tanto en el Antiguo como en el Nuevo Mundo habría sido un concepto familiar para los pueblos del Libro de Mormón en cualquiera de los dos contextos. De hecho, parece que el rey Benjamín estaba muy familiarizado con esas ideas y respondió a ellas señalando a su pueblo el verdadero Rey divino, Jesucristo. Comprender las ideas sobre la realeza divina en el mundo antiguo puede aclarar otros aspectos del discurso del rey Benjamín. Son bien conocidos muchos estudios que sitúan estos y otros aspectos del discurso del rey Benjamín en un contexto del Viejo Mundo, especialmente dentro de los antiguos festivales y coronaciones israelitas3. Sin embargo, son menos conocidos los estudios que ilustran además cómo el discurso de Benjamín habría concordado también en un contexto del Nuevo Mundo. Resulta especialmente evidente en este estudio cómo Benjamín cambia las tradiciones sobre la realeza divina con las que su pueblo podía estar familiarizado para dirigirlos a Jesucristo, el verdadero rey celestial. Esto puede verse en el contexto inmediato del sermón: Benjamín declarando que su "hijo Mosíah es rey y gobernante" sobre el pueblo (Mosíah 2:30). Esta declaración pública siguió a una más íntima entre padre e hijo el día anterior (véase Mosíah 1:10). Este mismo patrón de coronaciones privadas seguidas de anuncios públicos puede verse en las culturas mesoamericanas. Mark Alan Wright explicó: "La unción de un nuevo rey entre los mayas comenzaba con una ceremonia privada celebrada en el palacio real, a la que asistían sacerdotes, escribas y unas pocas élites selectas. La presentación pública del nuevo rey tenía lugar más tarde en el templo, donde se le exhibía con todos sus ropajes reales"4. Este patrón coincide estrechamente con las acciones de Benjamín. De hecho, este patrón mesoamericano se sigue más adelante en el escenario de la coronación pública de Mosíah. El pueblo se había reunido en el templo para escuchar al rey Benjamín, pero como la multitud era tan numerosa, "el rey Benjamín no podía enseñarles a todos dentro de los muros del templo; de modo que hizo construir una torre, para que por ese medio su pueblo oyera las palabras que él les iba a hablar" (Mosíah 2:7). La construcción de una torre de madera para una coronación pública también puede encontrarse en un antiguo contexto de las culturas de América. Concretamente, "en los murales de San Bartolo, Guatemala (ca. 100 a. C.) vemos una ceremonia de entronización en la que el gobernante se sienta sobre una torre o andamio de madera para recibir los emblemas del gobierno". Además, "la disposición arquitectónica de los complejos de templos maximizaba eficazmente la acústica, permitiendo que los oradores situados en lo alto de un templo se vieran y oyeran claramente en toda la plaza"5. Durante las coronaciones mesoamericanas, el rey llevaría a cabo una serie de rituales. Uno de esos, un ritual en que se derrama sangre, "requería que la sangre [fuera] derramada de partes diferentes y específicas del cuerpo"6. Se creía que al derramar la sangre del rey de esta forma ritual, se abrirían las puertas que conectaban los mundos divino y terrenal y el rey recibiría visiones y revelaciones sobre el reino divino y los acontecimientos futuros. A través de estas visiones, el rey podría comunicarse con seres divinos (como los ángeles) y dar vida al mundo, lo que también reforzaría la afirmación del rey de ser un ser divino7. En lugar de realizar él mismo un ritual de derramamiento de sangre, como harían los "reyes divinos" de los mayas, Benjamín insistió en que él no era divino, sino que enseñaba sobre Jesucristo, el verdadero rey celestial, que se ofrecería a sí mismo como sacrificio expiatorio. De este modo, destacó la sangre de Jesús en lugar de la del rey terrenal: "[Su] sangre le brotará de cada poro", y "la salvación fue, y es, y ha de venir en la sangre expiatoria de Cristo, el Señor Omnipotente" (Mosíah 3:7, 18). En cuanto a estas enseñanzas, Wright observó: "Los nefitas, que vivían en medio de la cultura mesoamericana más amplia, seguramente eran conscientes de la naturaleza sagrada de la sangre real y del poder que tenía para traer nueva vida"8. Además, cuando se realizaban en los festivales de la cosecha, las coronaciones mayas hacían que el rey representara el descenso de un dios al inframundo y su resurrección triunfante, un acto que Benjamín no se atribuye a sí mismo sino, de nuevo, a Jesucristo, que lo haría a través de su expiación9. "El rey Benjamín, además, hizo hincapié en el hecho de que Cristo era su Rey Celestial (Mosíah 2:19) y que su sangre tenía un poder mucho mayor que el de cualquier rey terrenal: el poder de expiar los pecados del mundo (Mosíah 3:11)"10. Esto le fue revelado a Benjamín mientras conversaba con un ángel, lo cual, aunque no ocurriera en un ritual de derramamiento de sangre, en sí habría colocado a Benjamín como “un intermediario entre los reinos humano y sobrenatural”, tal como se consideraba que eran otros reyes mesoamericanos11. Otro aspecto fundamental de la realeza divina en la antigua Mesoamérica era que el rey descendiera de un dios. Según Wright, "para los antiguos mayas, el derecho a gobernar provenía claramente de la descendencia de los dioses", lo que permitía al rey recibir "una porción de la divinidad de sus antepasados por derecho de nacimiento, y su legitimidad como gobernante quedaba así firmemente establecida en la mente del pueblo"12. Sin embargo, el rey Benjamín, no reclama su propia descendencia de ningún ser divino para fortalecer su autoridad; al contrario, Benjamín democratizó este elemento de la realeza, enseñando que todo el pueblo podía considerarse descendiente del Rey celestial" (Mosíah 2:19), y por lo tanto todos podían ser receptores de las bendiciones de Cristo13. Al hacer convenios en el templo, todos los nefitas se habían convertido en "progenie de Cristo, hijos e hijas de él, porque he aquí, hoy él os ha engendrado espiritualmente" (Mosíah 5:7).

El porqué

En el contexto inmediato del discurso del rey Benjamín, aprendemos que Benjamín veía el gobierno de manera muy diferente a como lo hacían muchas de las civilizaciones cercanas con las que los nefitas podían haber estado familiarizados. En lugar de centrarse en el poder, la astucia política o la popularidad, Benjamín vivió su vida al servicio de los demás. En su discurso, Benjamín hizo hincapié en que había ayudado a su pueblo a lo largo de su gobierno y ministerio, centrando así la mente de su pueblo en Jesucristo, nuestro Rey celestial, tanto a través de la palabra como de los hechos (véase Mosíah 2:10-27). Como Benjamín enseñó poderosamente, "que no se dará otro nombre, ni otra senda ni medio, por el cual la salvación llegue a los hijos de los hombres, sino en el nombre de Cristo, el Señor Omnipotente" (Mosíah 3:17). Jesús es nuestro Rey celestial que, a través de Su sangre, nos permite entrar en Su presencia. Esto sucede cuando hacemos los mismos convenios que hicieron otros en la antigüedad y cuando, como el pueblo de Benjamín, pedimos a nuestro Rey celestial que aplique "la sangre expiatoria de Cristo para que recibamos el perdón de nuestros pecados" (Mosíah 4:2). Al señalar así a Jesucristo, Benjamín enseñó que todas las personas pueden llegar a ser como Dios, rechazando la creencia de que llegar a ser divino era un derecho exclusivo de la realeza. Wright observó:
Los mismos rituales que se utilizaron para deificar a los reyes [en la antigua Mesoamérica] se pusieron a disposición de todos los santos. [Es decir,] dar a todos una ascendencia divina al convertirse en hijos espiritualmente engendrados de Cristo, darles un nuevo nombre, confiar en el sacrificio de sangre de su Rey Celestial, ponerlos bajo convenio en el templo, y hacer que se levanten del polvo y se sienten sobre tronos como herederos del reino celestial, cuya gloria es la del sol14.
Tal es la bendición suprema para todos los que permanecen fieles a sus convenios con Dios.

Otras lecturas

Mark Alan Wright, “Axes Mundi: Ritual Complexes in Mesoamerica and the Book of Mormon”, Interpreter: A Journal of Latter-day Saint Faith and Scholarship 12 (2014): 79–96. Mark Alan Wright and Brant A. Gardner, “The Cultural Context of Nephite Apostasy”, Interpreter: A Journal of Latter-day Saint Faith and Scholarship 1 (2012): 25–55. Mark Alan Wright, “Deification: Divine Inheritance and the Glorious Afterlife in the Book of Mormon and Ancient Mesoamerica” (paper, 2008 FAIR Conference, Sandy, UT, agosto 7, 2008. Allen J. Christenson, “Maya Harvest Festivals and the Book of Mormon: Annual FARMS Lecture”, Review of Books on the Book of Mormon 3, no. 1 (1991): 1–31.

1. Para una discusión sobre cómo los antiguos templos de las Américas eran similares al templo de Salomón, incluso como lugares de coronación, véase Central de las Escrituras, “¿En qué se parecen algunos templos mesoamericanos al templo de Salomón? (2 Nefi 5:16)”, KnoWhy 716 (febrero 19, 2024).2. Mark Alan Wright y Brant A. Gardner, “The Cultural Context of Nephite Apostasy”, Interpreter: A Journal of Latter-day Saint Faith and Scholarship 1 (2012): 42. Véase también Brant A. Gardner, Second Witness: Analytical and Contextual Commentary on the Book of Mormon, 6 vols. (Salt Lake City, UT: Greg Kofford Books, 2007), 3:136. 3. Véase, por ejemplo, Stephen D. Ricks, “Kingship, Coronation, and Covenant in Mosiah 1–6”, en King Benjamin's Speech: “That Ye May Learn Wisdom”, ed. John W. Welch y Stephen D. Ricks (Provo, UT: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies [FARMS], 1998), 233–275; Terrence L. Szink and John W. Welch, “King Benjamin’s Speech in the Context of Ancient Israelite Festivals”, en King Benjamin’s Speech, 147–223; John A. Tvedtnes, “King Benjamin and the Feast of Tabernacles”, en By Study and Also By Faith: Essays in Honor of Hugh W. Nibley, 2 vols., ed. John M. Lundquist y Stephen D. Ricks (Provo, UT: FARMS; Salt Lake City, UT: Deseret Book, 1990), 2:197–237; Gregory Steven Dundas, Mormon's Record: The Historical Message of the Book of Mormon (Provo, UT: Brigham Young University, Religious Studies Center; Salt Lake City, UT: Deseret Book, 2024), 85–106; Central de las Escrituras, “¿Por qué es el tema de la realeza tan prominente en el discurso del rey Benjamín? (Mosiah 1:10)”, KnoWhy 79 (abril 10, 2017); Central d e las Escrituras, “ ¿Por qué los nefitas permanecieron en sus tiendas durante el discurso del rey Benjamín? (Mosiah 2:6)”, KnoWhy 80 (abril 11, 2016); Central de las Escrituras, “¿Por qué el rey Benjamín se enfocó tanto en la sangre de Cristo? (Mosíah 4:2)”, KnoWhy 82 (abril 11, 2017). Puede que fuera un año de jubileo; véase Central de las Escrituras, “¿Por qué Alma quería hablar 'con la trompeta de Dios'? (Alma 29:1)”, KnoWhy 136 (junio 15, 2017). 4. Mark Alan Wright, “Deification: Divine Inheritance and the Glorious Afterlife in the Book of Mormon and Ancient Mesoamerica” (documento, 2008 FAIR Conference, Sandy, UT, 2008), 9. 5. Mark Alan Wright, “Axes Mundi: Ritual Complexes in Mesoamerica and the Book of Mormon”, Interpreter: A Journal of Latter-day Saint Faith and Scholarship 12 (2014): 84–85. En la nota 15, Wright observa que "la fecha de los murales de San Bartolo cae de lleno en la época de Mosíah II, que reinó desde ca. 124-91 a. C., y cuyo reinado fue pronunciado sobre una torre por su padre Benjamín". Por supuesto, estos murales no implican que Mosíah sea el rey representado, sino que muestran que este detalle, tal y como se recoge en el Libro de Mormón, encaja en un contexto antiguo auténtico. 6. Gardner, Second Witness, 3:152. 7. Véase Linda Schele y David Freidel, A Forest of Kings: The Untold Story of the Ancient Maya (New York, NY: William Morrow, 1990), 68–71. 8. Wright, “Deification”, 7. 9. Para un excelente estudio sobre esta cuestión, véase Allen J. Christenson, “Maya Harvest Festivals and the Book of Mormon: Annual FARMS Lecture”, Review of Books on the Book of Mormon 3, no. 1 (1991): 1–31. 10. Wright, “Deification”, 7. 11. Wright, “Axes Mundi”, 84: "Irónicamente, al informar a su pueblo de que las palabras que les estaba entregando le habían sido dadas por un ángel que literalmente “estaba ante” él (Mosíah 3:2), confirmó que era de hecho un intermediario entre los reinos humano y sobrenatural, una característica definitoria de los reyes divinos en el mundo antiguo". Véase también Wright, “Deification”, 7. 12. Wright, “Deification”, 9. 13. Para más información sobre los elementos de la realeza en ser llamado hijo o hija de Dios, especialmente como fue empleado por Benjamín para democratizar espiritualmente a los nefitas, véase Central de las Escrituras, “¿Por qué el rey Benjamín dijo que su pueblo serían hijos e hijas a la diestra de Dios? (Mosíah 5:7)”, KnoWhy 307 (febrero 7, 2018); Central de las Escrituras, “¿Cómo condujo el discurso del rey Benjamín a la democracia nefita? (Mosíah 29:32)”, KnoWhy 301 (enero 30, 2018). Recibir varios nombres de trono, como el del hijo de Dios, también era una característica común de las coronaciones tanto del Antiguo como del Nuevo Mundo; aquí, Benjamín ofrece varios nombres de trono no para sí mismo ni para su hijo Mosíah, sino para Jesucristo. Véase Central de las Escrituras, “¿Por qué Benjamín dio múltiples nombres a Jesús en la coronación de su hijo Mosíah? (Mosíah 3:8)", KnoWhy 536 (noviembre 15, 2019).14. Wright, “Deification”, 11.

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